– La lienda d’Esteru. El Papa Noel cántabru.

– La leyenda de Esteru. El Papa Noel cántabro.

 

1ª PARTE:

La fe en los relatos nos hace aceptar que tres hombres vestidos de reyes reparten regalos el 5 de enero. Otra forma de fe (la religiosa), ha tenido que tragar con la idea de la llegada de un tipo barrigón vestido de rojo, que viaja con paquetes en un carro tirado por renos; previa escala en una marca conocida de refrescos burbujeantes.

Por ello, y frente a una forma de factoría cultural transoceánica, y en un momento en el que, además, la sociedad de consumo ha desvirtuado el mito de la religión hasta convertirlo en un señuelo; reverdece y revive desde hace algunos años en Cantabria la figura del Esteru: un personaje navideño (asociado al Solsticio de Inviernno) de la tradición y la mitología de Cantabria, cuyo recuerdo aún perdura en algunos pueblos de Cantabria, así como en otros vecinos y próximos a los lindes de la misma Cantabria.

Este personaje recibe en algunos países de Europa diferentes nombres: Weihnachtsmann (“Hombre de Navidad”, en alemán), Père Noël (en francés), Jólasveinn (en islandés), Julenissen (“Duende de Navidad”, en noruego), Pai Natal (en portugués), Télapó (en húngaro), Julemanden (“Hombre de Navidad”,  en danés), Sinterklaas (en neerlandés), la Befana (La bruja buena de la Navidad”, en italiano), Deda Mraz (en serbio), Jultomten (“Duende de Navidad”, en sueco), Det Marós (en ruso), etc.

Al final vemos que en ese hueco entre la religión y el oportunismo comercial, está reemergiendo de un tiempo a esta parte en Cantabria, la leyenda del Esteru: un leñador que tiene su casa en las montañas de Comillas, y que se distingue por llevar sus regalos navideños a los niños y a las niñas de toda La Montaña a lomos de su inseparable burru (burro), y apoyado siempre en su tradicional lararzu (bastón).

Y es que en efecto, existe en Cantabria un personaje de la Navidad (a semejanza del Papá Noel americano), al cual ponen últimamente la coletilla del “Santa Claus cántabro”. El cual nos recuerda, por ejemplo, a la del “anguleru” asturiano, a la del “Tió de Nadal” (personaje procedente de la mitología catalana y aragonesa), a la del “olentzero” vasco, o incluso, a la del “apalpador” o el “pandigueiro” gallego. Y aunque éstos dos últimos son carboneros, el de Cantabria es leñador, y así sucede que durante las fiestas deja su tradicional jacha (hacha); para bajar de las montañas para repartir sus regalos entre los niños y las niñas de Cantabria.

Las imágenes de estos personajes se parecen (y no solo en la forma, sino también en el fondo), pues todos apelan a la cercanía autóctona frente a una forma de factoría cultural transoceánica. Por ejemplo, el vínculo entre la tradición cántabra y la Navidad (esta leyenda está recogida por escrito), está presente en la figura de las anjanas; quien las narró el siempre excepcional Manuel Llano en uno de sus cuentos. En él se recoge la letra de una copla que le trasladó un vecino, según la cual, las anjanas ayudaban a los Reyes Magos para que trajeran zapatos y ropa a los niños pobres cada cuatro años.

Pero se nos había olvidado el Esteru, quien representa la bondad y el bien en la Tierra. Este simpático personaje es de complexión fuerte y de sonrisa amable, tiene boina, pipa y barba muy poblada y gris. Y sin duda, de un tiempo a esta parte, se está distinguiendo por reivindicar su propio y particular relato de la Navidad.

Los que le han visto, siempre dicen que va vestido como lo haría cualquier pastor de las ilustraciones de los cuentos tradicionales cántabros. Y durante todo el año se distingue por cortar madera (excepto en Navidad), que es cuando dedica sus mayores esfuerzos a fabricar juguetes; que luego regalará a los más pequeños coincidiendo con el día de Reyes.

¿Pero quién es este leñador?, ¿de dónde sale? Y sobre todo, ¿por qué no se conoce tan bien como a otros personajes (que también forman parte de la tradición cántabra), como lo son las anjanas, l’arquetu, el roblón, el trenti, los caballucos del diañu o el ojáncanu? La respuesta pasa por la actualidad de su narración.

Su figura se remonta a la tradición y a la mitología cántabra, siendo rescatado, ya tardíamente, por Milianu Rodríguez Pérez a comienzos del presente siglo XXI. Milianu nos recuerda: “La historia del Esteru la conocí gracias a Manuel Díaz Bracho (un vecino del Valle de Ruiseñada), ya fallecido, y al que su gusto por la tradición oral le llevó a transcribir un relato que le contaron a su vez dos vecinos llamados: Uca y Juanito”. En realidad él solo ha sido la voz que ha recuperado una historia con pocos ecos hasta ahora.

Y añade: “Me parecía bonito fomentar en las fiestas de Navidad la cultura y la tradición de Cantabria, y que no se olvidara una historia así”. Así que, con esa finalidad, “en torno al año 2000 comenzamos a reivindicar la figura del Esteru, dándolo a conocer por Internet a través de un foro sobre tradiciones cántabras”. Y ahí empezaron a surgir más testimonios: “Gente de Udías y de Llanes también lo conocían, habían oído la historia que antes estaba más extendida, pero que se había olvidado casi por completo”.

Milianu, que pertenece a la asociación cultural L’Escanillu, de Comillas, cita la memoria colectiva como única fuente para sostener la narrativa del Esteru, unida a los papeles de Díaz Bracho: “Que yo sepa, no se ha hecho trabajo de campo”, sostiene.

Tradición, invención o cultura popular, lo que ya es un hecho es que los pasos iniciales dado por el Esteru son ahora zancadas.  Y así las manifestaciones alrededor de la figura del leñador navideño (desconocido hasta la fecha), son cada vez más habituales. Milianu Rodríguez Pérez pone como ejemplo la publicación del libro: “El Esteru y las bellotas mágicas”, de Sergio Tejón y Marcos Manjón; que cuenta la historia de cómo el leñador deja estos frutos junto a los regalos para repoblar los bosques de Cantabria.

En Comillas, la Casa de la Juventud es la que se encarga de elaborar la carroza del Esteru, que sale a desfilar por la villa la noche de Reyes. Aunque la implicación de los más pequeños también pasa por los colegios de la zona, donde las actividades escolares le contemplan.

El colegio José Escandón, de Soto de la Marina, dedicó en 2014 la obra de teatro de Navidad a la leyenda del Esteru. Como explica el director del centro, Nahúm Cobo: “La idea era usar una historia de la tradición cántabra y darle un carácter no religioso a la actuación de Navidad para atender a la diversidad. La gran mayoría de los niños lo recibió con sorpresa y les llamaba la atención. Les gustó”.

En Laredo, el Esteru ha entrado de lleno de la mano de la Asociación Cultural Filatélica y de Coleccionismo San Roque, que incluso ha puesto en circulación cartas y matasellos con la figura del personaje, para que los críos escriban su carta con destino a las “Montañas de Cantabria”. Lo hicieron por primera vez en 2015, y ya en 2016 se repartieron cartas entre cuatro colegios pejinos.

También se instalaron buzones en la Casa de Cultura de Laredo, donde se han puesto a disposición de los vecinos más cartas. “Estos personajes son una costumbre reciente que se quiere arraigar”, dice el responsable del sello filatélico, Constantino Ruiz: “Yo no entro en si la leyenda del Esteru de Comillas es verdad o mentira, porque Papá Noel también es una invención. De lo que se trata es de favorecer la cultura popular cántabra, y a los niños de Laredo les está gustado y nos estamos planteando hablar con más ayuntamientos para el próximo año”. En dichas misivas se explica quién es el Esteru y se ofrece la opción de pedir los regalos a un personaje de la tradición cultural cántabra.

“Todas las cosas que tienen un nombre existen, si nosotros creemos que existen»

2ª PARTE:

En los bosques de nuestro país, hay muchos tipos diferentes de criaturas que la gente no puede ver. Todas ellas son parte de la naturaleza, y la gente ha escrito muchas historias y fábulas acerca de ellas.

Hace muchos años, en los profundos bosques de Cantabria, vivía un Hada Buena y muy hermosa. Su pelo era amarillo como el sol y sus ojos muy brillantes. Como todas las hadas buenas de Cantabria, esta era muy bondadosa con la gente, y siempre estaba acompañada por unos pequeños Enanucos; que la ayudaban en sus queaceres y trabajo.

Un día, mientras cruzaba a través del bosque, se paró a mirarse y a peinar sus cabellos en el río. De repente, empezó a oír muy agitados a los Enanucos que habían encontrado algo que se movía entre unos troncos. El Hada se acercó y todos los Enanucos la miraron…

“Es un bebé, en un bebé”, dijeron todos. “No podemos dejarlo aquí, se moriría de frío”, dijo el Hada. “Tenemos que buscarle un hogar con los humanos”.

“Desde ahora (dijo el Hada al bebé) te llamaremos Esteru, porque es maravilloso haberte encontrado. Y por ello, te daré los regalos de “valentía” y “bondad”, durante toda tu vida”. Entonces el Hada cogió al bebé y lo llevó a una casuca en el límite del bosque donde vivían un hombre y una mujer que no tenían niños. “Ellos le cuidaran muy bien y estarán felices de tener este niño”, dijo el Hada, y dejó al niño en la puerta para ellos.

El hombre salió de la casa y se sorprendió mucho al ver al bebé, y llamó a su esposa: “¡¡Cuca, Cuca, ven aquí rápidamente!! ¡¡Ven a ver lo que han dejado!!”. Tal como el Hada había dicho, el hombre y la mujer fueron muy felices al encontrar a este niño, e inmediatamente le cubrieron con una cálida manta y lo tomaron como su hijo.

Y así fue como Esteru llegó a crecer en aquellas maravillosas montañas, hasta que se convirtió en un fuerte y amable hombre. Sus padres fueron muy felices a su lado, y Esteru se sentía muy querido.

Esteru trabajaba todos los días de la mañana a la noche, cortando madera y ayudando a su anciano padre a vender los coloños de madera por los pueblos. Después de muchos años sus padres murieron, y así fue como se quedó muy solo en la casa del bosque.

Fueron pasando los años y se fue haciendo mayor, su cara comenzó a arrugarse, y su pelo a ponerse blanco y con una gran capa gris. Con el tiempo, se volvió triste y se dio cuenta de que lo que necesitaba era ayudar a otras personas que lo necesitaban. Así recordó que en el pueblo había una casa en la cual vivían muchos niños que no tenían padres. Ellos vivían de cualquier cosa que la gente del pueblo les llevara, y él se dio cuenta de que esos niños estaban muy solos; justo como él. Pensó que podría hacer cosas para ellos para que así fueran más felices.

Esteru era muy inteligente y muy bueno haciendo cosas con sus manos, de manera que hizo algunos juguetes de madera para aquellos niños: pequeños juguetes y muñecas, que él podría llevar a los niños cuando fuera al pueblo a vender su madera. Cuando terminó las muñecas, los puso en una gran bolsa sobre su burro, y marchó hacia el pueblo. Estaba muy feliz aquel día, y sus ojos brillaban con gran alegría.

Le tomó toda la mañana caminar a través de las montañas hasta llegar al pueblo, y sonreía como si estuviera en un sueño; porque llevaba a los niños los juguetes que él mismo había hecho. Los niños pequeños del pueblo se alegraron cuando le vieron y estuvieron muy felices también cuando recibieron sus regalos. Esteru pasó esa tarde jugando con ellos, además de que les contaba las historias que había aprendido de su padre cuando él era pequeño. Los niños y las niñas amaban profundamente a Esteru, y después de aquel día ellos ya no se sintieron tan solos como antes.

Esteru se volvió muy conocido en los pueblos de alrededor. Cada vez que él se acercaba, rápidamente era rodeado por los niños; y así fue como poco a poco fue recorriendo todos los pueblos de Cantabria; regalando los juguetes que él mismo hacía.

Esto sucedió durante muchos y felices años, pero una vez hubo una terrible tormenta que asoló los pueblos y montañas de Cantabria; la cual destruyó muchas casas y bosques. Los fríos y fuertes vientos de entonces, además del sonido de los truenos, dejaron a las gentes muy asustadas y trastornadas; especialmente a los niños.

Ese día, cuando Esteru estaba yendo al pueblo, vio como un rayo alcanzaba la casa de los niños huérfanos; que rápidamente comenzaba a arder en llamas. Corrió muy rápido hacia la casa y vio algunos niños en una de las ventanas muy asustados, gritando y pidiendo ayuda. Sin dudarlo ni un momento, llegó hasta la casa que estaba en llamas, cubrió a los niños con una manta para protegerlos del fuego; y los sacó de la casa a través de una ventana que estaba en el primer piso.

Pero mientras él estaba tratando de salir, una viga de madera vieja y grande del techo cayó sobre él. Esteru cayó con gran dolor, y su fuerte y hermoso corazón se detuvo inmediatamente. Las personas en el pueblo lloraron cuando vieron la casa en llamas, y supieron lo que había ocurrido; pues se dieron cuenta de que no había nada que ellos pudieran hacer. Pero… en ese mismo momento fueron sorprendidos por una luz brillante que salía de la casa en llamas. Nadie podía ver lo que estaba ocurriendo allí adentro.

Pero dentro de la casa, el Hada que había encontrado a Esteru en las montañas, cuando él era un bebé, apareció junto a él y comenzó a llamarlo por su nombre con su dulce voz: “¡¡Esteru!! ¡¡Esteru!!”. Y le dijo: “Esteru, tú has sido un hombre bueno, lleno de fe y de buen corazón. Has dedicado tu vida a hacer cosas para los demás, y has dado hasta tu propia vida para salvar a otras personas. Por eso, no quiero que te mueras. Yo quiero que vivas para siempre. De ahora en adelante, tú harás los juguetes y otros regalos para todos los niños de este pueblo, así como de todos los rincones de Cantabria”. “¡¡Y nosotros te ayudaremos!!”, dijeron todos los Enanucos, alrededor de Esteru.

Y así es como vino a pasar que, en las Navidades, al final de cada año, Esteru va a todos los pueblos de Cantabria repartiendo juguetes y regalos a los niños para que sean felices. Los niños de todos los pueblos celebran la llegada de Esteru cantando canciones y esparciendo su mensaje de valentía y bondad.

Esta historia ha sido recogida en Ruiseñáa-Ruiseñada (Comillas) en el año 1985. Los comunicantes eran una mujer y un hombre que se llamaban Uca y Juanito.

Algunas personas no creen que Esteru realmente exista. Pero entre los cántabros hay un viejo dicho que dice: «Todas las cosas que tienen un nombre existen, si nosotros creemos que existen».

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